Para un padre o madre viudos, la mente puede sentirse a veces como una olla a presión. Ya sea lidiando con las rabietas de un niño o intentando guiar a una hija preadolescente que empieza a reclamar su independencia, los conflictos son inevitables. A esto se une toda la carga mental de nuestra vida como adultos.
A menudo, los padres no reaccionamos al comportamiento del niño, sino a nuestro propio nivel de agotamiento. Aquí es donde entra la meditación.
La neurociencia ha demostrado que la meditación no es un estado de relajación pasiva, sino un entrenamiento cognitivo activo que modifica físicamente la estructura del cerebro. Esto se llama Neuroplasticidad.
A continuación paso a enumerarte los beneficios demostrados de la meditación:
1.- Reducción de la amígdala cerebral:
La amígdala es el "sistema de alarma" del cerebro. Evalúa rápidamente el entorno en busca de amenazas y activa respuestas automáticas (como la reacción de lucha o huida) incluso antes de que la parte racional del cerebro (corteza cerebral) sea consciente del peligro.
La reducción del tamaño de la amígdala cerebral se demostró con un estudio realizado en la universidad de Harvard en el que se pudo comprobar cómo tras 8 semanas de prácticas en Mindfulness se produjo una disminución en el tamaño de la amígdala y por lo tanto, de su actividad como activador de la sensación de amenaza.
2.- Aumento de la corteza prefrontal:
El mismo estudio pudo demostrar mediante Resonancia Magnética Funcional que aumentaba la cantidad de materia gris de la corteza prefrontal, que es la responsable de la toma de decisiones y el control emocional.
3.- Regeneración del Hipocampo:
En otro estudio de 2011 se comprobó que, mientras el estrés crónico libera una sustancia llamada Cortisol que hace que se reduzca el tamaño del Hipocampo, la meditación revierte este daño, reduciendo la producción de Cortisol y Adrenalina y promoviendo la neurogénesis del Hipocampo. El Hipocampo desempeña un papel fundamental en tres funciones de nuestro cerebro como son la Memoria, la Orientación Espacial y la Regulación Emocional.
4.- Desactivación de la Red Neuronal por Defecto
Investigaciones de la Universidad de Yale, muestran que la meditación disminuye drásticamente la actividad en este Red Neuronal por Defecto, que es la que se enciende cuando la mente divaga, y es la principal culpable de la rumiación depresiva. ¿Imaginas lo que sería poder reducir ese ruido constante en tu cabeza que crean los recuerdos y pensamientos que nos persiguen constantemente?
5.- Equilibrio de Neurotransmisores
La práctica regular incrementa la producción de varios neurotransmisores importantes para regular el estado de ánimo, inhibir la ansiedad y lograr mayor claridad mental.
Existe mucha más evidencia científica sobre los beneficios de la meditación en el cerebro, pero no vamos a abundar más en ello.
Espero que esta pequeña muestra haya servido para despertar tu interés.
Vamos a traer la meditación a la crianza, que es lo que nos ocupa:
¿Qué aporta realmente la meditación a la crianza?
- Crear un espacio entre el estímulo y la respuesta: La meditación entrena el cerebro para insertar un momento de pausa antes de reaccionar. Es la diferencia entre gritar automáticamente y perder el control cuando se derrama un vaso de leche y respirar hondo para decir: "Vamos a limpiarlo".
- Observación sin juicio: Nos permite convertirnos en espectadores de nuestros propios pensamientos. En lugar de dejarnos arrastrar por esa voz que nos dice "no puedo más” o “lo estoy haciendo todo mal", aprendemos a observar los pensamientos como simples ideas pasajeras que se generan en nuestra mente al azar, descartar los que no nos sirven y aprovechar los más útiles.
- Detección temprana del estrés físico: La tensión se acumula en el cuerpo (mandíbula apretada, respiración superficial, hombros elevados) mucho antes de que estallemos. La meditación enseña a escanear el cuerpo y desactivar esa bomba de relojería antes de que afecte a los niños.
- Reducción de la escalada de conflictos: Los niños, especialmente cuando están procesando una pérdida, absorben y reflejan la energía del adulto. Si el adulto responde desde la calma, el niño tiende a regularse más rápido.
Sin duda, la meditación es algo que nos puede venir muy bien en este momento de nuestra vida.
Antes de acabar, me gustaría aclarar la diferencia entre dos conceptos que alguna vez has podido escuchar o leer juntos, y que tal vez te puedan generar confusión: meditación y mindfulness:
La meditación es la herramienta (el entrenamiento), y el mindfulness es el resultado (la habilidad que adquieres).
La meditación es la acción deliberada de reservar un tiempo y un espacio para entrenar la mente. Requiere parar de hacer cualquier otra cosa.
En qué consiste: Implica sentarse (o tumbarse), cerrar los ojos y utilizar un ancla (como la respiración, un mantra, un sonido o una visualización) para enfocar la atención. Cuando la mente se distrae —que lo hará—, el ejercicio consiste en devolver esa atención al ancla de forma voluntaria.
El mindfulness no es una técnica que haces con los ojos cerrados, sino una forma de estar en el mundo con los ojos bien abiertos y la mente clara. Es la capacidad psicológica de prestar atención al momento presente, de forma intencionada y, lo más importante, sin juzgar.
Aclarado este pequeño inciso y una vez analizadas la innumerables ventajas que la meditación puede traer a tu vida, acabamos el tema con la tarea de incorporar la meditación a tu día a día.