Materiales de Apoyo
Pasa a la Acción
Crianza Consciente para madres y padres viudos
Bloque 3: Empieza a Cuidarte
Tema 7: Cambio de aires
En el tema anterior hemos visto la diferencia entre lo urgente y lo importante. Espero que ya hayas hecho la primera versión de tu Matriz de Eisenhower y que te haya servido para organizar un poco mejor tus prioridades en el día a día. Recuerda que el objetivo de todo este bloque no es otro que ayudarte a recuperar tu energía y sentirte lo mejor posible.

Es probable que, entre las actividades que has colocado en el cuadrante de las cosas importantes, hayas puesto únicamente tus obligaciones (trabajo, colegio, etc.) y las necesidades más elementales de tu familia (comer, dormir, etc.) Sin embargo, hay una actividad importante que normalmente se nos pasa por alto: el contacto con la naturaleza.

Está científicamente comprobado que el contacto con entornos naturales (incluso caminar por una calle arbolada) reduce los niveles de cortisol (la hormona del estrés), disminuye la frecuencia cardíaca y baja la presión arterial, tanto en el adulto como en el niño.

Salir a visitar a un familiar, ir al cine o al centro comercial, aunque te saca de la rutina, no te aporta todos los beneficios que te puede ofrecer el disfrutar de unas horas al aire libre.

Déjame de explicarte los beneficios que tiene para ti y para tu hijo pasar tiempo fuera de casa, y lo fácilmente que lo puedes conseguir.

Hagamos una pequeña lista de las ventajas que salir de casa puede tener para tus hijos y para ti:

Ventajas para tus hijos:
  • disfrutan del aire libre y la luz del sol
  • hacen ejercicio
  • se relacionan con otros niños
  • establecen contacto con la naturaleza
  • evitan la televisión y otros dispositivos

Ventajas para ti:
  • disfrutas del aire libre y la luz del sol
  • haces ejercicio
  • te relacionas con otros adultos
  • estableces contacto con la naturaleza
  • evitas la televisión y otros dispositivos
  • tu hijo no te necesita para divertirse
  • te relajas

Numerosos estudios observacionales muestran que las interacciones entre padres e hijos son más positivas, cooperativas y cálidas en espacios verdes. El adulto se relaja instintivamente, y el niño (gracias a esas neuronas espejo de las que hablábamos en un tema anterior) se sintoniza con esa calma.

Algunas veces, los hijos o los padres no queréis salir de casa a pesar de los beneficios que te acabo de mostrar, porque los objetivos no son compartidos. Cuando llevas a tu hijo al parque de arena, es posible que tú no quieras relacionarte con otros padres, te aburras y termines mirando el móvil. También te resultará difícil hacer ejercicio, y tampoco encontrarás la manera de relajarte con tanto jaleo a tu alrededor. Por otro lado, si llevas a tu hijo a dar un paseo por el parque para tratar de disfrutar tú de un rato agradable, es posible que tu hijo se canse y se aburra, o se aburra y se canse, ya que los niños sólo se acuerdan de que están cansados cuando se aburren.

Para evitar que esa falta de sintonía os haga renunciar a pasar un rato al aire libre, es necesario que establezcas un plan cuyo objetivo sea disfrutar por igual tu hijo y tú de salir de casa.

Lo primero que te recomiendo es recuperar la capacidad de jugar. Eso hará que tu hijo disfrute del tiempo fuera de casa sin necesidad de que sea en el parque de arena con sus amigos.

Busca juegos que podáis hacer al aire libre o traslada aquellos que hacéis en casa. Descubrirás que el mismo juego que en casa te resulta aburrido, en un parque puede ser mucho más agradable por el simple hecho de estar al aire libre y de saber que no puedes utilizar ese tiempo para hacer ninguna otra tarea de la casa que pueda parecer más provechosa. Pensar en todo aquello que podríamos estar haciendo si no estuviéramos jugando con nuestros hijos nos saca totalmente del disfrute del momento pero si sabemos que no lo podemos hacer porque ni siquiera estamos en casa, nos liberamos de ese remordimiento.

Otra cosa que debes hacer para poder salir de casa con tu hijo es rebajar tus expectativas. Tal vez a ti te gustaría dar un paseo más largo o hacer un ejercicio más intenso, pero piensa que al menos estás saliendo de casa. Plantéate que cualquier actividad que hagas con tu hijo es una semilla que estás plantando y que te permitirá hacer cada vez más actividades al aire libre en el futuro. Al principio, tu objetivo no debe ser, por ejemplo, jugar al fútbol con tu hijo, sino pasar un buen rato juntos jugando con la pelota. Te costará trabajo desvirtuar tanto la actividad como para que tu hijo, si es pequeño, sea capaz de participar, pero debes encontrar tu niño interior y olvidarte de cualquier norma que tenga el juego al que quieras jugar. Sólo de esa manera conseguirás pasar un buen rato con tu hijo y que quiera repetir la experiencia. Esto lo hacemos normalmente casi todos los padres cuando nuestros hijos son muy pequeños. Lo importante no es sólo hacerlo, sino tratar de encontrar la diversión en ese tipo de juego tan simple y, sobre todo, no renunciar a salir de casa por el poco valor que otorgamos al juego, ya que lo importante es que, tanto tu hijo como tú, salgáis de casa.

Llevar una manta de picnic y comer un bocadillo con tus hijos al aire libre puede ser otra actividad muy gratificante y educativa. Durante el rato que están comiendo, los niños no necesitan jugar ni protestan por tener que caminar sin sentido. Si haces esta actividad a menudo, podrás comprobar como tus hijos se van acostumbrando a la calma del momento y, día a día, irán disfrutando más del simple hecho de tumbarse en la manta y mirar el cielo o de observar los insectos que van apareciendo alrededor.

No todos los días vas a tener tiempo ni ganas de pasar la tarde fuera de casa, pero debes intentar que todos los días podáis disfrutar de un rato de diversión al aire libre.

En muchas ocasiones deberás adaptarte a las circunstancias. Habrá días en los que no haya tiempo para salir a la calle a jugar o hacer deporte, pero sí habrá que ir a hacer algún recado. Ir al supermercado o a la farmacia se puede convertir en un bonito y relajante paseo con tu hijo. Lo primero que debes hacer es dejar el coche en el garaje. Salir de casa no debería implicar coger el coche (si se puede llegar andando), ya que uno de los objetivos es hacer algo de ejercicio y el otro es descargarte de obligaciones durante el mayor tiempo posible. Podéis ir a una panadería que tal vez no sea la que queda más cerca de casa pero que os permite dar un paseo agradable junto al parque para llegar hasta ella, o tal vez podéis aprovechar que tenéis que salir al médico para deteneros un momento en unos columpios o jugar con la arena. Por supuesto que estas actividades improvisadas no serán tan placenteras como las que puedas planificar y realizar con más tiempo, pero os ayudarán a despejar vuestra mente y recuperar algo de energía.

Para poder salir de casa con tu hijo y disfrutar de la naturaleza, tienes que resolver dos impedimentos fundamentales: las tareas de casa que se quedan pendientes de hacer (limpieza, colada, etc.) y las cosas que habrá que hacer después (baño, cena, etc.). Los dos grupos de actividades pueden hacer que desistas de salir de casa, pero debes evitar cometer ese error.

Para el primero, las cosas que se quedan sin hacer, ya hemos visto el apartado de las prioridades. Seguro que tu casa no está casi nunca como a ti te gustaría. Tal vez tengas ropa pendiente de planchar o guardar, la cocina necesite un repaso y el salón esté desordenado. Te diré una cosa: ve acostumbrándote porque vas a pasar años así. Más vale que aprendas a sobrellevar la imperfección a que te conviertas en esclavo de unas expectativas poco realistas y poco saludables.

Para estos casos te recomiendo que te centres en ordenar. El desorden nos genera estrés. Podremos postergarlo pero cada vez que veamos algo fuera de su sitio, en nuestra mente vamos a tener esa punzada de urgencia del trabajo pendiente. Por lo tanto, debes orientar tu energía en mantener el orden, sobre todo en los espacios comunes; la cocina, el baño y el salón. Si están ordenados, estarás tranquilo y sabrás que sólo necesitarás sacar algo de tiempo en algún momento para ir limpiando cada uno de ellos.

Establece prioridades y enseña a tu hijo a colaborar en las tareas de la casa, especialmente a mantener el orden.

En cuanto al segundo impedimento para salir a la calle, debes tener siempre presente que un buen día en el parque no debe quedar estropeado por las prisas y el mal humor de retomar las rutinas al volver a casa. Para ello, es importante que llegues a tu casa a la hora que hayas previsto en función de las cosas que tengas que hacer. Si te has llevado un bocadillo y tu hijo ya llega cenado a casa, podrás volver a casa un poco más tarde sin agobiarte. Pero si tienes que bañarlo, hacerle la cena, darle de cenar, leerle un cuento y acostarlo, hazte a la idea de que deberéis llegar a casa con tiempo suficiente para poder hacerlo todo de manera tranquila y contando con que surgirán imprevistos y retrasos, ya que tu hijo, si tiene menos de 10 años, probablemente no entienda en concepto de urgencia y se distraerá mil veces, como hace habitualmente. Solo así podrás terminar el día felicitándote por haber pasado una tarde estupenda con tu hijo fuera de casa. 

Una buena planificación puede ayudarte mucho en este sentido, pero la mejor herramienta de que dispones es la renuncia.

Renunciar al baño o incluso a la cena, si tu hijo se ha quedado dormido en el coche, no le hará ningún daño; al contrario. En ese caso, el mejor alimento es el sueño y lo más normal es que, si le metes directamente en la cama, duerma de un tirón hasta la mañana siguiente. Renunciar a ver un rato de televisión también es muy positivo, pero es mejor que antes lo hayas consensuado con tu hijo. Normalmente, los niños estarán siempre de acuerdo en pasar un rato más jugando al aire libre aunque eso suponga tener que renunciar a ver un rato la televisión cuando lleguen a casa.